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Breve manual para controlar Godínez

Por Nerea Barón:

Con cariño, para H.

Maquiavelo genera sentimientos encontrados. Por una parte, nadie aplaude abiertamente los métodos deshonestos que expone en El príncipe para controlar a los súbditos (y menos aún sus expresiones modernas); por otra parte, una media sonrisa se dibuja en el rostro de aquel al que se le considera «maquiavélico», porque eso significa que es astuto y sabe cómo conseguir sus propósitos.

Perfidia aparte, todos hemos sido o deseado ser maquiavélicos alguna vez y salirnos con la nuestra a como dé lugar. Caso distinto es cuando estamos del otro lado, pero eso ya lo sabíamos: las faltas éticas nunca se han caracterizado por su simetría.

En cualquier caso, si usted pretende aplicar las tácticas de El príncipe en su casa u oficina, puede encontrarse en un problema: el uso de la fuerza no es bien visto en estas épocas de derechos humanos y ya sabe lo que dicen: los súbditos ya no son como antes. Por esta razón, si usted es un Godinez (oficinista bajo el yugo de la corbata y los horarios restrictivos) o el jefe de alguno, le conviene tomar en cuenta este breve manual para rebelarse o, por el contrario, evitar que se le rebelen. Úsese con responsabilidad:

1. Hágales creer a sus empleados que están a punto de ascender. Los Godinez son capaces de pasar años en una situación deplorable si creen que dicha situación puede mejorar. Para ello, haga promesas ambiguas que no dependan directamente de usted, puede usar frases como: “cuando llegue X proyecto te subiremos el sueldo”, “cuando se libere un nuevo presupuesto”, “lo hablaré con los jefes, creo que te lo mereces pero la empresa está pasando por un momento difícil”, “cuando renueves contrato evaluaremos la posibilidad”, etc.

2. Hágales creer que son importantes… pero no tanto. Esta es una línea delgada. El Godínez promedio está dispuesto a tolerar mucho si cree que es imprescindible y que su trabajo está siendo valorado. Si se siente el núcleo central de la operación, sentirá culpa cuando tenga que salir a su hora en vez de quedarse tiempo extra y postergará su renuncia indefinidamente con tal de no dejar ningún proceso a medias. Sin embargo, mucho empoderamiento puede ser peligroso, porque corre el riesgo de que su Godinez se convenza genuinamente de sus capacidades y busque un trabajo mejor pagado en otra empresa o empiece a administrar sus habilidades específicas a contentillo, al punto que terminen invirtiéndose los roles.

Para lograr la dosis justa de empoderamiento se recomienda la siguiente técnica:

Primero, ignore el trabajo de su Godinez en proceso de adiestramiento y, en contraste, reconozca el de los otros enfrente de él. Así hará que crezca un pequeño resentimiento en el interior del Godinez y con él, las ganas de comprobarse frente a usted; es decir, de “vengarse” siendo bueno en su trabajo para que usted lo vea. Una vez sembrada esa disconformidad, ya puede reconocerlo ocasionalmente, aunque siempre de forma parcial: felicítelo pero mencionándole un par de errores o deje pasar un tiempo moderado entre una felicitación y otra.

Un punto importante es reservarse la carta más alta para cuando quiera manipularlo: cuando vea que esté a punto de renunciar, entonces sí no pierda la oportunidad de elogiar su trabajo, comprarle un café, hacerlo empleado del mes o incluso hacerle una confidencia que le haga creer que usted y él están en condiciones de igualdad.

3. Reconózcalos… virtualmente. Cuando el recurso del primer punto comience a agotarse, es momento de darle a su Godinez lo que quiere pero de una forma que a usted no le cueste. Por ejemplo: puede ascenderlo a un puesto imaginario, con una etiqueta más rimbombante pero el mismo sueldo. Haga que su Godinez se sienta orgulloso por ser acreedor de más responsabilidades. Si lleva a cabo bien el punto dos, éste no debe de ser complicado.

Este reconocimiento virtual también puede expresarse a manera de premios o pequeños espacios para la recreación, como por ejemplo, los pasteles de cumpleaños; convivencias en donde pueden distraerse, sentirse valorados y vincular la oficina con estímulos agradables.

4. Recuérdeles el mundo hostil en el que viven. Desempleo, inflación, crisis… No es tan fácil conseguir trabajo hoy en día. Es importante que el Godinez valeroso sepa que si se atreve a dejar la oficina, tiene una alta probabilidad de acabar debajo de un puente, ¿cómo podría ser de otra manera?

Para sembrar esta idea, funcionan los chismes sobre desempleados, los comentarios sobre la situación socioeconómica y un énfasis constante en las prestaciones imaginarias de la empresa. Habrá triunfado si logra que el Godinez crea que su empresa es la mejor opción sin haber siquiera ponderado objetivamente sus alternativas.

5. Busque chivos expiatorios. Maquiavelo no me dejará mentir: un poco de terror no viene mal de vez en cuando. Los Godínez deben de estar al tanto de las consecuencias de salirse de los límites preestablecidos. Por ejemplo: si ve que alguno comienza a sentirse demasiado cómodo y a descuidar su trabajo, quizá sea momento de despedirlo a él o a alguien de su alrededor al azar. Recuerde: no importa si su falta es menor —como llegar tarde u olvidar mandar un correo—, lo importante es que sea un evento público para que el resto del grupo reconecte con su miedo y se la piense dos veces antes de pasar por alto sus indicaciones.

¡Buena suerte!

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  • Angel

    Juristas unam !Maquiavélica mente su literatura del sistema empresarial en donde se margina a un ser humano desprovisto de la sabiduría de ingreso en su elite universitaria !causa despiadadamente un encontronazo de espíritu y se puede faltar al respeto y q causen vergüenza al rebelar sus consecuencias de percibir y etiquetar !no todos de la nobleza herederos de un pupitre generaciónal !?buena swerte

  • Violeta

    Es una pena esta apología al acoso laboral, que ni de broma es aceptable.
    La discriminación hacia una persona por considerarla inferior está prohibida en el 1 de la Constitución. Lamentabilísimo, Nerea, que ignore usted las nefastas consecuencias del acoso laboral en nuestro país.

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