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Blas José Gutiérrez

La ley debe hacer sentir el amago antes que el golpe.

Don Blas José Gutiérrez Flores Alatorre nació el 3 de febrero de 1821 en Querétaro, siendo sus padres Secundino Gutiérrez e Isabel Victoriana Flores Alatorre.

Fue un joven estudioso y formal. Entre los pocos datos que existen sobre su formación académica, no se especifica donde llevó a cabo sus estudios profesionales, sin embargo, dada su trayectoria posterior, es muy probable que fuera un alumno destacado. Reconocido por su rectitud y su buena conducta pública, fue uno de los jueces más distinguidos de su época.

Impartió las materias de Derecho y Jurisprudencia Federal y Fueros Vigentes y la de Procedimientos Penales en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde fue conocido como uno de los profesores más respetados pero también de los más combativos. Gabriel González Mier escribió sobre el temperamento del maestro:

Hubo en la Escuela un profesor llamado Don Luis Velázquez, hombre de cansada inteligenica que a pesar de ello legó en cierta época a ocupar el puesto de Director.

Para sostener una parte de la viguería ya ruinosa de los corredores del tercer piso de la Escuela, mando levantar un andamiaje sobre el corredor del segundo piso que amenazaba desplomarse también.

Verlo Don Blas y estallar de furia fue todo uno, y cuando el pobre director se acercó a él preguntándole:

—¿Qué te parece, Blas, este trabajo?

—Ya te he dicho, Luis –prorrumpió iracundo- que nunca dejarás de ser como yo era antes, un pe… nitente y nada más.

Protagonizó distintas polémicas con Don Jacinto Pallares, que culminaron en un sonado enfrentamiento durante un examen profesional, del que también hubo menciones en la prensa.

Entre sus obras más importante se encuentran: Nuevo código de la reforma: leyes de reforma: colección de las disposiciones que se conocen con este nombre, libro que se reedita al día de hoy, Lecciones teórico-prácticas de los procedimientos judiciales en los fueros común y de guerra, Apuntes sobre los fueros y tribunales militares, federales y demás vigentes en la república: y sobre las más importantes disposiciones del derecho marítimo, internacional y administrativo relacionadas con aquellos y Prontuario de citas de disposiciones y doctrinas legales.

Contrajo matrimonio el 22 de mayo de 1849 con Paula Rojas Becerra.

Fue Magistrado del Tribunal Superior de Justicia en los días en que se suscitó la tragedia en la que “los mártires de Tacubaya” perecieron ante las tropas conservadoras al mando del General Leonardo Márquez. El maestro condenó moralmente a los culpables, pues el gobernador del distrito le había pedido que se excusara de tomar participación en aquel asunto.

En Cantón de Misantla ejerció como juez de primera instancia cuando proliferaba el bandidaje. Fue tal su fama de inflexible que, cuando fue promovido, exclamó al despedirse de sus subalternos: “¡Ea, muchachos! No podrán negar que les cayó a torrentes la justicia. ¡Vaya por los años de seca que después de mí volverán a caer sobre este pueblo infeliz!”.

En 1857 ganó mayor prestigio al instruir causas famosas, entre ellas, la cuantiosa cantidad que hizo pagar al fisco Antonio de la Vega en 1850; y la que involucró a  Zuluaga y Miramón en 1861 y 1862.

Sobre su compromiso con la impartición de justicia, cuenta una anécdota que  una vez se encontró en un zafarrancho a las puertas de una pulquería, cuando llegó la policía a ajusticiar a los peleadores. Entre los que se llevaron los policías, uno traía el ojo morado, y cuando le preguntaron quién le había propinado semejante puñetazo, señaló al maestro Gutiérrez, quien también fue detenido. Ya rumbo a la comisaría, uno reconoció en él al licenciado y juez de la Suprema Corte de Justicia Militar, y ordenó su liberación inmediata:

—Pues ahora me lleva usted en cuerda y… rinde usted su parte de consignación.

—Pero… señor.

—Yo no soy aquí señor, –prorrumpió don Blas, –sino un reo.

—Pues hágame usted favor de pasar…

—La autoridad no suplica, manda; y usted es un miserable que no cumple con el reglamento de 25 de agosto de 1851.

El gendarme amostazado esta vez, exclamó con energía:

—Pues bien, ¡pase usted por delante!

El maestro falleció el 16 de noviembre de 1885 en la Ciudad de México, a los 64 años. Tuvo en vida muchos enemigos, algunos de los cuales bromearon en la prensa sobre su entierro:

—¿Cómo te va Juan? Ya hacía años que no te veía. ¿Por qué no fuiste al entierro del general Blas Gutiérrez?

—¡Cómo había de ir! Fíjate que la última visita que le hice no me la pagó, espero que lo hará yendo a mi entierro cuando yo muera.

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