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Bienvenidas las crisis

Por Nerea Barón:

Crisis. Cambio importante en el desarrollo de un proceso que produce inestabilidad. Para Thomas Kuhn, historiador y filósofo de la ciencia, la crisis es el resultado de la caída de un paradigma, de una cosmovisión. Cuando el paradigma en boga presenta demasiadas anomalías, aparece la necesidad de cambiarlo por uno nuevo y, en ese tránsito, emerge la crisis. Una imagen más trivial para acompañar: Tarzán meciéndose de liana en liana. Entre el momento en el que suelta una y toma la siguiente, permanece unos segundos en el vacío: crisis.

Kuhn circunscribe sus afirmaciones únicamente a la ciencia, pues las humanidades –afirma– soportan soluciones paralelas e inconmensurables entre sí: el avance del conocimiento no es lineal en ese caso. No obstante, su lectura me sirve para entender otros fenómenos. ¿No son todas las olas de denuncia, con su cuota justa de incomodidad y desconcierto, la expresión de una crisis? La dificultad aparece cuando hay que sostenerla por un tiempo prolongado pues, ante la inconveniencia de sus consecuencias –el heteropatriarcado sintiéndose bajo la lupa, por ejemplo–, aparecen todo tipo de intentos por restaurar el estado de cosas anterior, que en su familiaridad daba la ilusión de ser funcional.

Sea en temas de equidad de género, de movilidad o de lucha contra la corrupción, el proceso es el mismo. No se trata sólo de quién tiene el poder, que naturalmente buscará conservarlo por los beneficios que le proporciona, sino también de cómo, como sociedad y como individuos, reaccionamos ante la crisis.

«Más vale malo por conocido que bueno por conocer», reza el dicho popular y es retomado por los votantes del PRI, por aquellos que reinciden una y otra vez en una relación tóxica y, en fin, por cada uno de nosotros cuando intuitivamente nos damos cuenta que seguir de frente requiere de un mayor monto de valentía, pues la incertidumbre pone en evidencia nuestra vulnerabilidad.

Sin embargo, la crisis aparece de cualquier manera. Ésa es su gracia. Si bien el cambio incomoda, la necesidad de éste aparece por una incomodidad no elegida que se expresa inclementemente hasta que se vuelve imposible ignorarla. Nuestro desarrollo depende de nuestra capacidad para atenderla, aunque en el camino tengamos que hacer un acopio de humildad y de fuerza para reconocer nuestros errores y dejar de buscar falsos resguardos.

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