Looking for Something?
Menu

Araby

Por Deniss Villalobos:

“I had never spoken to her, except for a few casual words,
and yet her name was like a summons to all my foolish blood.”

James Joyce

Estoy leyendo Dubliners de James Joyce, y aunque todavía no termino todos los relatos, ya hay uno del que quiero hablar y que me gustó especialmente. Araby, la tercera historia de esta colección, tiene un narrador de edad y nombre desconocidos, pero del que llegamos a saber bastante en unas pocas páginas. El protagonista es un niño que vive en Dublín, juega con sus amigos por las tardes, va a la escuela, vive con sus tíos y, después sabemos, está enamorado de la hermana de Mangan, uno de sus compañeros de clase.

El crush del protagonista no es algo que se tome a la ligera; todos los días se levanta para mirar por la ventana y, en cuanto ve que la chica que vive al otro lado de la calle sale, él la sigue y después se apresura a pasar frente a ella para que lo vea. Piensa en la hermana de su amigo a toda hora, sueña con ella y el día en que podrán estar juntos; sufre, como sufrimos todos cuando nos enamoramos por primera vez, en especial si es de alguien con quien nunca hablamos y solo contemplamos de lejos.

Las cosas cambian, y nuestro narrador se obsesiona mucho más, cuando la hermana de Mangan le pregunta al chico si visitará Araby, el bazar que está en la ciudad y al que la chica no puede asistir debido a otros compromisos. El protagonista ve entonces una oportunidad y se apresura a decir que, por supuesto, irá, y además comprará un regalo para ella. Esta idea se vuelve lo más importante en su vida: las clases en la escuela son una pérdida de tiempo, las conversaciones a su alrededor le aburren, el reloj se burla de él con su tic-tac, y lo único que le interesa es que llegue el día en que pueda ir al bazar y encontrar el regalo perfecto para la chica que ama.

El día llega y, después de algunos contratiempos, Araby aparece ante sus ojos. En su cabeza Araby era un lugar mágico, seguro tan impresionante como la hermana de Mangan, pero lo que ahora ve no es más que un mercado normal que se está quedando vacío porque ya es noche. Entra, con el poco entusiasmo que aún le queda, para buscar el regalo. Ve algunos puestos y, como era de esperarse en este punto, no encuentra nada atractivo y sale de ahí enojado y decepcionado. Entonces, una epifanía: ni la hermana de Mangan, ni Araby, y quizá nada durante toda su vida, son tan sorprendentes como parecía.

Con la misma intensidad con la que podemos enamorarnos, o más bien obsesionarnos, con una persona, un lugar, una actividad o un sueño, podemos decepcionarnos y al abrir los ojos descubrir que aquello que encontrábamos encantador y único es más bien gris y común. Y, entonces, ¿está mal que encontremos a una hermana de Mangan o visitemos todos los Araby del mundo? No lo creo. Yo quiero seguir contemplando cosas perfectas, sintiendo que el corazón me late más rápido por alguien o algo, y subir a trenes de noche que me lleven hacia lo que más deseo. No importa si después termino de mal humor y me doy cuenta de que no era para tanto. Porque, a decir verdad, nada es para tanto. El mundo mismo es un enorme Araby y nosotros, en algún punto, somos la chica al otro lado de la calle de alguien más. Para mí vale la pena experimentar la emoción y la decepción, todas las veces, porque, en algunos casos, el desencanto dará para algo tan grande como esta pequeña historia.

Puede interesarte

Los jefes: lotería
Fracaso Histórico
Cambio de sexo
Conoce a tus ídolos
Octavio Paz
Feliz (umbral) nuevo

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter