Looking for Something?
Menu

Aparecer

Por Nerea Barón:

Hay días densos, dislocados, en los que uno siente que es algo más –una fuerza extraña– la que se ocupa de llevarnos del inicio al fin de nuestra jornada. Días en los que nuestra voluntad se desdibuja y nuestras horas parecen sostenidas únicamente por los cigarros que fumamos, las series de televisión que consumimos compulsivamente, las respuestas aprendidas, los buenos días en el elevador y los dos o tres pendientes laborales que todavía podemos manejar.

Y al final de esos días siempre llega la noche. Porque seamos francos: no somos suicidas. No somos los primeros ni los únicos que hemos estado así, poseídos por la ansiedad, por el hastío, por la desesperación. Ahí habría que diferir con Tostoi: ¿En serio son tan distintas nuestras infelicidades? Despierta más morbo escuchar sus diferencias –eso lo concedo– pero el resto se trata sólo de individuos encarnando una y otra vez tragedias ancestrales.

Quizá (no sabe/no contesta) yo estoy encarnando una de ellas ahora mismo. O al menos es la forma más sencilla que tengo de explicar que últimamente se me dificulta mucho sostener mis días. Cuando uno está en la ciénaga de sí mismo todo se vuelve prescindible. ¿De verdad es necesario mantener mi trabajo de los sábados, escribir esta columna, contestarle a mis amigos? La respuesta corta es no, pero el hecho de que nada sea de suyo necesario no nos saca del problema. Porque seguimos aquí.

Si estuviera en clase, posiblemente me pondría en este punto hablar de existencialismo, de teleología o de creación de sentido. Pero no estoy en clase. Conocer el mapa (un mapa) del camino no te exime de tener que recorrerlo. Las verdades universales consumen mucha energía.

No obstante, he optado por escribir esta columna y eso ya dice algo. Bien por mí. Y mientras pongo palabra tras palabra, no es el cigarro ni la serie de televisión ni las respuestas aprendidas ni los buenos días en el elevador lo que me sostiene. Soy yo. Porque escribir es aparecer, porque esta es mi voz y en estas cuartillas hago gárgaras para aclarar la garganta, pruebas de sonido, puentes que se entretejen de adentro hacia afuera. Por un momento me sostengo sin muletillas.

La retribución por mostrarse suele ser la nada. Una nada ligera, redentora. ¿Qué hay en el centro de nuestro dolor? ¿Qué demonios es tan importante, tan único, tan privado? ¿Por qué ese terror a nuestro propio corazón? Le tememos tanto a nuestra naturaleza quijotesca que no advertimos la nobleza de su espíritu: basta con alumbrar al fantasma para descubrir su evanescencia y recordar cuán fértiles somos.

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter