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Amigos imaginarios

Por Deniss Villalobos:

“What really knocks me out is a book that, when you’re all done reading it, you wish the author that wrote it was a terrific friend of yours and you could call him up on the phone whenever you felt like it. That doesn’t happen much, though.”
J.D. Salinger, The Catcher in the Rye

Bien lo dijo Holden: no pasa muy seguido eso de sentir, al terminar un libro, que ojalá el autor fuera un muy buen amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono cuando se te pegue la gana. A veces lo pasas muy bien con una novela y quizá piensas que si conocieras al autor te gustaría platicar con él un rato mientras se toman una cerveza, otras veces solo le darías la mano y con otros, aunque el libro no haya estado mal, no sientes que su autor podría ser alguien a quien llamarías para preguntarle adónde van los patos cuando el lago se congela, ni siquiera alguien a quien saludarías si te lo encuentras en la calle.

Y no está mal, claro. Supongo que lo mismo nos pasa con todo el mundo; algunos, muy pocos, se vuelven nuestros amigos cercanos y el resto solo pasa ante nuestros ojos sin causar mayor impresión. La diferencia es que, aunque sientas que un autor podría ser tu mejor amigo, en la mayor parte de los casos esto es imposible. Casi todos los autores que me gustaría llamar por teléfono están muertos y los que están vivos viven lejísimos, no hablan el mismo idioma que yo y, siendo honesta, aunque tuviera sus números telefónicos nunca los llamaría por miedo a hacer el ridículo.

Quizá la mejor parte de ese sentimiento que ciertos libros te dejan en relación a sus autores es la posibilidad de fantasear; imaginarte esas llamadas telefónicas, de qué platicarían, cuáles serían sus temas favoritos, adónde irían si alguna vez se vieran… en fin, es un poco como tener un amigo imaginario. Y justo este año me he imaginado varias veces con algún autor, lo que quiere decir que hasta ahora he tenido un gran año de lecturas. Así que quiero compartir algunos de esos libros-autores que durante los últimos meses me han hecho imaginar llamadas telefónicas y citas para tomar café, algo que solo pasa en mi cabeza pero a veces, con el libro entre las manos, se siente real.

Moomin’s Winter Follies, Moominland Midwinter y Moominpappa at Sea

Este año he leído esos tres libros de Tove Jansson y es que ya no me imagino un año de mi vida sin leer algo de los Moomin o de esta autora en general. Con Tove no solo imagino llamadas telefónicas y caminatas por un parque, sino que además he soñado que pescamos, cocinamos y comemos juntas. Una de las pocas autoras a las que me gustaría abrazar.

La hora de la estrella

Tiene muchos años que admiro a Clarice Lispector y sus libros me han hecho sentir montón de cosas, pero a principios de este año leí La hora de la estrella y al terminar pensé que ojalá pudiera hablar con Clarice y decirle cuánto me había gustado y cuánto le agradecía haber escrito una historia tan grande sobre personas pequeñas.

The Golden Apples of the Sun

Wow. Ray Bradbury es en serio maravilloso. De entre todos los autores que he leído en mi vida, él es el único con quien me gustaría sentarme por horas en un sillón y ver películas de ciencia ficción mientras comemos palomitas, ir a una librería de viejo a buscar tesoros juntos o coordinar nuestros disfraces en Halloween. Ni siquiera tuve que esperar a terminar este libro para sentirme así porque empieza con uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida, así que solo por eso habría valido la pena, pero claro, siendo Bradbury, resulta que toda la colección es una joyita.

Say Her Name

Este libro de Francisco Goldman no me dejó con ganas de ser amiga de su autor sino de la persona sobre la que habla: Aura Estrada. Aura fue una escritora mexicana que, en 2005, murió a causa de un accidente mientras hacía bodysurfing en Mazunte, Oaxaca. Había escuchado su nombre varias veces porque un premio que se otorga cada dos años a escritoras menores de treinta y cinco lleva su nombre, pero nunca había investigado mucho más sobre ella. A pesar de que este libro es una novela, el autor narra su historia con Aura (con la que estuvo casada) y confío en que mucho de lo que dice sobre ella es más apegado a la realidad que ficción, así que al final terminé con la sensación de que me gustaría haber conocido a esta autora que prometía tanto y que, tristemente, no tuvo tiempo para terminar todas las historias que vivían en su cabeza.

Donde viven los monstruos

El otro día releí uno de mis libros favoritos y no solo me di cuenta de que siempre siempre siempre voy a querer mucho a Maurice Sendak por haberlo creado, sino que además me gustaría poder hablarle por teléfono alguna noche solo para decir “I’ll eat you up, I love you so!”.

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