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Algunas cosas sobre el fuego

Por Deniss Villalobos:

Quiso apagar incendios con el fuego.
José Emilio Pacheco

And then I feel the sun itself
as it blazes over the hills,
like a million flowers on fire
Mary Oliver

En algunos pueblos el fuego debía apagarse cuando un rey agonizaba en su lecho de muerte y, en mi opinión, creo que aunque no seamos parte de la realeza deberíamos apagar al menos una vela cuando perdamos a alguien o algo importante, esperando que al final de nuestra vida también un fuego, del tamaño de una mecha o una estrella, se extinga por nosotros. En Siberia se piensa que el fuego acaba con el mal que cualquier objeto pueda poseer; las cosas arden no para destruirlas sino para liberarlas; al fuego se le habla y se le alimenta. El oro tiene que estar en el corazón de las llamas para ser purificado. El Ave Fénix se consume solo para renacer.

Cuenta una historia que en África un hombre llamado Motu se casó con una mujer de las nubes y así las personas que vivían en la tierra y en el cielo se unieron en paz. En la tierra las personas comían sus alimentos crudos hasta que las personas de las nubes les enseñaron a crear fuego, y así vivieron un tiempo hasta que la esposa de Motu llevó a casa una canasta y le pidió a su marido que nunca la abriera, pero él no aguantó la curiosidad y abrió la caja, que estaba vacía. Las personas de las nubes volvieron al cielo para nunca regresar, pero nos dejaron como regalo el fuego.

En la mitología celta la diosa del fuego, Brigit, es también la diosa del arte, la poesía y la tierra y se encarga de proteger los rebaños, a las mujeres jóvenes, pero sobre todo de proteger a los niños pequeños. El fuego es un dragón acabando con un reino pero también una mujer que cuida. En Serbia existe el Badnjak, una rama de roble que se quema en Nochebuena. La tradición dice que la cabeza de familia debe ir a buscar al bosque una rama de roble y cortarla con tres golpes. En algunas regiones esta rama es tratada como un invitado, recibida con respeto ofreciéndole vino y miel, y la forma de despedirla es prenderle fuego para asegurar un buen año y recordar que, por más frío que sea el invierno, el calor volverá.

El fuego es testigo de la historia de amor entre Jane y el señor Rochester; la primera vez que hablan “el fuego brillaba en su rostro”, y así es como Jane lo observa cada vez que tienen una conversación dentro de la casa. Cuando ya está enamorada Jane nos dice que la presencia de aquel hombre en una habitación era más reconfortante que el fuego más brillante y la noche en que todo empieza a cambiar ella lo salva de una cama en llamas. Cuando Jane huye y pasa varios días perdida encuentra ayuda solo cuando decide seguir una luz que “brillaba a través de la lluvia”. El fuego destruye Thornfield y una gran parte de la vida de el señor Rochester, pero también lo libera y es el fuego quien le devuelve a Jane.

De las cosas que sé sobre el fuego hay una que me gusta en especial porque no recuerdo si la leí o la inventé. No suena improbable pero no he encontrado información al respecto, solo sé que en algún mundo, real o imaginario, un grupo de personas convencidas de estar atrapadas en sus cuerpos decidieron entrar a una iglesia en Praga y prenderle fuego. A diferencia de otros cultos no querían llegar a un nuevo mundo o plano, no querían dejar de existir como ofrenda; querían, simplemente, ser más libres. Pero los bomberos llegaron casi de inmediato y además de daños en el edificio y algunas quemaduras la cosa no pasó a mayores. Supongo que debería alegrarme pero también me da un poco de tristeza pensar en esas personas que se sentían atrapadas. Espero que si alguna vez volvieron a casa, si alguna vez existieron de verdad, hayan conseguido sentirse libres al ver una vela, al preparar té en la estufa o al sentarse cerca de una fogata.

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