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Alan

Por Deniss Villalobos:

Alan Rickman falleció ayer, 14 de enero del 2016, víctima de cáncer. La noticia es tristísima, no solo por ser un actor reconocido, sino porque es lamentable que una enfermedad tan terrible acabe todos los días con vidas a las que aún les quedaba mucho camino (a los 69 años todavía se es jovencísimo). El lado bueno es que creo que no me equivoco cuando digo que mucha gente lo recordará siempre por varios papeles extraordinarios y todo su trabajo en cine y teatro. Ésa es la mejor forma de ser inmortal.

Queda en el mundo un Alan para todos: en Robin Hood, Sentido y sensibilidad (¡cuánto quiero al Coronel Brandon!), Rasputín, donde su papel lo llevó a ganar un Globo de Oro, Love Actually y muchas otras películas como Dogma, El perfume y Sweeney Todd. Recuerdo que, gracias a que la pasaban muy seguido en televisión abierta (y que mi papá siempre volvía a verla), la primera película con Rickman que vi fue Duro de matar, y hasta la fecha me sigue gustando mucho. Pero no es por ninguno de esos papeles, algunos de verdad maravillosos, que muchos recordaremos de forma especial al actor, pues también le dio vida a uno de los personajes más importantes de la saga Harry Potter: el profesor Severus Snape.

Para bien o para mal, según a quién se le pregunte, fue ése uno de los papeles más importantes del actor, además de uno al que le tenía gran cariño y del que estaba orgulloso. No creo que importe cuál haya sido el mejor de sus papeles y por cuáles “debería” recibir más reconocimiento. Importa que, a pesar de interpretar a tantos villanos, Alan Rickman era queridísimo por muchas personas.

Tal vez sea difícil entender la importancia y los sentimientos que giran alrededor de la historia creada por J.K. Rowling, y por qué los actores que participaron en sus adaptaciones tienen en el corazón de tantas personas un lugar especial. Harry Potter es para muchas personas más que dos horas en la pantalla o un par de días leyendo: todos los personajes eran nuestros amigos, parte de una historia que estuvo con nosotros en tiempos difíciles, esos en donde hay que crecer y enfrentarse al mundo.

Fueron ocho películas en las que Alan Rickman no solo fue parte de un equipo cinematográfico y la adaptación que hacían de una famosísima saga de libros, sino también de la vida de millones de niños y adolescentes para los que él siempre será Severus Snape, el malvado profesor que al final nos rompió el corazón a todos. Y sí, sabemos que no solo interpretó a ese mago, pero no se “reduce” ni se hace menos una carrera por recordar a un actor por el papel que más nos conmovió.

Por eso es que se despide a Alan levantando varitas y hablando de Snape más que de sus otros papeles, porque ambas muertes, la del personaje y ahora la del actor, se sienten como despedir a un querido amigo. Quedan muchas películas para recordarlo, papeles a los cuales volver para comprobar que era un actor enorme. Quedan los mensajes de sus compañeros hablando de cómo era fuera del set o detrás del telón y cuánto lo extrañarán. Quedan sus entrevistas, fotografías y una carrera larguísima para admirar.

Pero para algunos otros queda también ese Alan que alguna vez declaró, no sabemos si en serio o solo bromeando, que cuando tuviera ochenta años estaría en casa leyendo Harry Potter, y cuando su familia preguntara “after all this time?”, él respondería “always”.

Y es así como lo vamos a recordar: después de mucho tiempo. Siempre.

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