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Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica

Por Frank Lozano:

México suscribió el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica junto a once naciones más. Para dimensionar en datos este acuerdo, basta decir que las economías de los doce países que lo integran suman el 36 por ciento del PIB mundial, representan un mercado de 800 millones de personas y conforman el 25 por ciento del comercio mundial.

Para los mexicanos, es inevitable que se nos venga a la memoria el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y su promotor mexicano, el entonces presidente  de la república, Carlos Salinas de Gortari.

De dicho tratado, que se vendió como la llave de acceso de México al primer mundo, no queda más que una profunda desilusión y una sensación de engaño. En aquel entonces, los grandes beneficiarios fueron quienes tuvieron capital e información. El tratado de libre comercio hizo más ricos a los ricos y dio inicio al declive del campo mexicano.

Todo esto ocurrió en las narices de todos. Los que conocían perfectamente las implicaciones del tratado no ejercieron un liderazgo para transformar a las industrias nacionales, mismas que fueron lentamente devoradas por los competidores norteamericanos.

Uno a uno, se fueron cumpliendo los tiempos de apertura comercial en temas agropecuarios y demás y la mayoría de los negocios mexicanos no estuvieron preparados para enfrentar la competencia.

¿Qué nos hace pensar que ahora puede ser diferente? En realidad nada. Incluso, podría decirse que el escenario país y el escenario geopolítico se encuentran en una fase delicada.

Hay voces que señalan los estertores del sistema financiero y con él, los pataleos de un capitalismo salvaje. Por otro lado, la lucha por los mercados y los equilibrios económicos globales perfila la división de dos grandes bloques económicos, el de los BRICS y el del Acuerdo Transpacífico.

En el fondo de la cuestión, asistimos a la confrontación de dos potencias y de dos modelos de entender el mundo. Más que un simple acuerdo comercial, México entra como una ficha dentro del tablero geopolítico norteamericano.

Es en ese mismo tablero, pero en otra parte, donde, al mismo tiempo, y con otros frentes, se libra la batalla por el control de los energéticos, por la imposición del valor de las monedas y todas aquellas sutiles rarezas que sostienen la ficción llamada mundo.

Los bloques quitan, ponen, mueven, amenazan y fintan a su antojo, mientras en esa otra ficción llamada, medios de comunicación, presentan una cara amable de sus jugadas. Mientras eso pasa, nadie o muy pocos han tenido acceso a los documentos que, desde el año 2011 el Estado mexicano ha diseñado para formalizar su participación en la alianza.

El presidente Peña Nieto, habló de un incremento en las exportaciones para los primeros cinco años, pero, decir eso y nada es lo mismo. También, al entrar a su gobierno, habló de un crecimiento de la economía nacional que no se ha dado y no se dará.

El presidente no reconocerá que las reformas no están dando los resultados que esperaba. Las reformas no nos han hecho más competitivos, no se han traducido en mejores empleos, no se han reflejado en la baja de los costos energéticos

¿Cómo va a ser competitivo un país que tendrá que hacer un gigantesco recorte al gasto público en el año 2016? ¿Cómo va a ser competitivo un país cuyos niveles de corrupción alcanzan al presidente y colaboradores? ¿Cómo va a ser competitivo un país donde no hay estado de derecho y donde la impunidad es altísima? El Acuerdo Transpacífico, querámoslo o no, va a suceder, ojalá y nos agarre confesados, porque preparados, lo dudo.

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