Looking for Something?
Menu

Sola en el cine

Por Deniss Villalobos:

maravillas del cine galerías

de luz parpadeante entre silbidos

[…]

luego la cena desabrida y fría

y los ojos ardiendo como faros

Antonio Martínez Sarrión

I

El otro día me llegó un correo diciendo que este semestre fui al cine treinta y seis veces. Creo que en un par más de visitas olvidé mi tarjeta y algunas otras veces fui a una cadena diferente. Siendo honesta, no recuerdo todas las películas que vi pero sí sé que de ninguna salí pensando “qué desperdicio”. Soy de esas a las que todas las películas vistas en el cine le parecen, si no buenas, lo suficientemente entretenidas como para considerar que fue mejor estar en la sala que fuera de ella. También creo que de las cuarenta y algo películas que vi, solo estuve acompañada en tres o cuatro. Voy más o menos dos veces a la semana (entre lunes y viernes) en un horario en el que casi todo mundo está ocupado, pero aunque fuera los sábados en la tarde, siempre voy a preferir comprar solo un boleto.

Quizá suena tonto pero una de las razones por las que me gusta ir sola al cine es que me siento cerca de directores a los que quiero mucho. En especial de Ozu, porque cuando leí sus diarios había cada pocas páginas una entrada en la que hablaba de la película que había visto. Cuando era niño no le gustaba estudiar y prefería irse al cine, lo mismo cuando ya siendo profesor pasaba más tiempo en el cine del lugar en el que enseñaba que dando clases. Cuando yo era niña no había internet para ver películas (al menos no en mi casa) y varias veces dejé de ir a la primaria para escaparme al cine, caminando sola durante veinte minutos sintiéndome muy asustada hasta llegar a la taquilla que siempre me hacía sentir a salvo. ¿Así se sentirían esos directores? ¿Les emocionaba y aterrorizaba por igual que sus padres descubrieran que en lugar de estudiar iban al cine? Nunca voy a filmar una película, pero me conformo con ir sola al cine e imaginarme a los directores de mi vida sentados cerca de mí.

La última película que vi sola fue Tras la tormenta, de Koreeda. La función era a la una de la tarde, un jueves, y aunque usualmente hay poca gente a esa hora, aquel día fui la única en la sala. Entré con mi mochila, una bufanda muy larga que a veces en la sala me sirve de cobija y una paleta de fresa que compré en la dulcería. Cuando durante los cortos me di cuenta de que sería la única en la función, pensé en si el gasto de luz y el tiempo que iba a pasar ahí sola valía los sesenta pesos que había pagado por mi boleto. También intenté imaginar lo que piensan los empleados del cine cuando solo hay una persona en la sala. ¿Se darán cuenta? La película me gustó mucho, casi todo el tiempo pensé en mi abuelita, que ya no va al cine porque no escucha muy bien, pero que se parece mucho a esa abuela de Koreeda. Al final recordé que Hirokazu iba a ser escritor antes de que empezara a hacer cine porque en dos horas sentí que había leído una gran novela. Me reí mucho y lloré mucho. Creo que a las butacas también les gustó.

Ayer en la noche vi una película de Murnau (Amanecer) y leyendo sobre él encontré esto: “…he descubierto que me gustaría sentirme en casa. Pero en ninguna parte me siento así, estoy más seguro a medida que envejezco. En ningún país, en ninguna casa, en ningún ser humano”. Cuando lo escribió, Murnau vivía cerca del mar, alejado del mundo, y aunque no deseaba estar en ningún otro lugar, no sentía que ese fuera su hogar. Diría que comparto ese sentimiento porque, casi sin importar en donde esté, nunca me siento en casa, pero eso cambia cuando estoy en el cine. No es porque crea que es mejor ver películas en “la pantalla grande”—veo muchas más en mi computadora—, creo que se trata más de la sensación que una sala de cine me ofrece: libertad. Si veo una película en mi casa aún me siento parte del mundo, mi gata maulla, los autos se escuchan afuera, alguien toca a la puerta; en el cine ni siquiera el tiempo puede verme. Quizá estar en casa es no estar en ningún lado, y para mí así es como se siente el cine cuando voy sola.

Una vez alguien me dijo que le parecía muy triste que fuera al cine sola, sobre todo porque significa que no me gusta la gente. Me reí y no dije nada pero quizá debí intentar explicar que, de hecho, una de las mejores cosas de ir al cine sola es que siempre me siento acompañada; que me gusta ir sin gente a la que conozco para que no hablen, pero me encanta que en la sala haya más personas. Hace un par de meses estaban en la fila de adelante un par de señoras mayores que compartieron palomitas y al final, durante los créditos, se contaron qué les había parecido la historia, se dijeron adiós y quedaron para ver algo más la siguiente semana. Las recuerdo a ellas pero no la película que vi.

Puede interesarte

Mikio y Elsie
Romper cosas
Que la fuerza te despierte
Las estrellas brillan
Tu monstruo interior

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter