10 autoras para pensar lo doméstico (primera parte)

Por Alejandra Eme Vázquez:

El espacio doméstico y los trabajos de cuidados que ahí se realizan han sido confinados al ámbito de lo privado y fuera de él, no se habla mucho del asunto. Nos complace ver un plato de comida bien servido, una casa reluciente o un bebé fresquísimo y feliz, pero el enorme trabajo físico y emocional que está detrás de esos resultados se barre de inmediato debajo de la alfombra, donde las visitas no lo vean, porque todo tiene que lucir perfecto pero fácil, inmaculado pero natural. Y justamente estos mecanismos, estructuras y procesos que han sido invisibilizados en la esfera de lo público son los que deben recibir la mayor atención no sólo para poder entender lo humano de manera distinta, sino para crear puentes entre los que somos a puerta cerrada y los que somos hacia afuera, en lo individual y lo colectivo.

Afortunadamente, muchas autoras brillantes ya han dedicado buena parte de su obra a darnos líneas de identificación, discusión y pensamiento desde esta perspectiva. Aquí reunimos a 10 de ellas, en dos entregas, con la intención de que la discusión se nutra, se amplíe y se vigorice para llevarnos a otras formas de estar en el mundo.

  1. Selva Almada (Argentina, 1973)

Una vez, el médico de mi abuela describió un medicamento que le había prescrito como el único en su tipo que tenía la potencia para llegar “hasta el último rincón de la última arteria adolorida”. Así prescribiría yo también la prosa de Selva Almada, que se detiene a contar en el punto en el que todo se recrudece y se incomoda, en el pleno desajuste, para hablar de familias, de tradiciones, de pueblos, de amistades y amores. Desde dentro.

«Es que no se le dio bien la maternidad a ella. No es que no los quiera. Los quiere. Pero no puede mirarlos sin olvidarse de que es por ellos que ella está así, de que es por ellos que su salud está resentida. Si no los hubiese tenido, no estaría enferma. Su mente sería clara como antes. No tendría esta maldita tristeza que le fue agriando el carácter. Si ellos no hubiesen nacido, ella seguiría siendo la Vero alegre y sana de la que Lucio se enamoró.»

[De Intemec]

  1. Lucia Berlin (Estados Unidos, 1936-2004)

De Berlin ya he hablado en este mismo espacio para recomendar su Manual para mujeres de la limpieza y vuelvo a hacerlo ahora porque esta agudeza casi enceguecedora que la caracteriza se potencia cuando habla de temas tan poco explorados como el espacio doméstico y las labores de cuidados, en los que posiciona una voz narrativa (que juega todo el tiempo con la autoficción) desde la crudeza brutal de haber estado ahí y tener la posibilidad de mostrar sin tapujos un punto de vista sin concesiones, idealizaciones ni complacencias: una mirada que no se esfuerza en ser bonita. Porque no todo en lo doméstico y los cuidados es bonito, aunque tenga que parecerlo.

«Mi actitud hacia las enfermeras ha cambiado mucho. Solían parecerme inflexibles y despiadadas. Ahora sé que el problema es el hartazgo. He comprendido que su indiferencia es un arma contra la enfermedad. Combátela, acaba con ella. Ignórala, si quieres. Ceder a los caprichos de un paciente sólo sirve para que le tome el gusto a estar enfermo, esa es la verdad pura y dura.»

 [De “Temps Perdu”]

  1. Silvia Federici (Italia, 1942)

Los discursos oficiales tienden a invitarnos a cancelar el pasado y aceptar las condiciones actuales, sin preguntar ni inconformarse. Pero es verdad que historizar un concepto, una conducta o una forma de pensamiento provoca un acercamiento crítico por el simple hecho de que ya no es posible ver ninguna cosa como absolutamente verdadera, natural o incuestionable. Eso es lo que hace Silvia Federici al dotar de un pasado (y, por tanto, un presente) a las formas de capitalización de los cuerpos, especialmente femeninos, para documentar críticamente cómo se ha formado este esquema que divide y jerarquiza al “capital humano”, lo que ha confinado al espacio doméstico a una mazmorra oscurísima de la que es preciso rescatarlo.

«La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie.»

[De esta entrevista]

  1. Conchi León (México, 1973)

Una buena parte del trabajo escénico de esta dramaturga, actriz y directora fuera de serie se ha dedicado a hacer una ardua investigación de campo para abrevar y visibilizar las ideas, tradiciones, preocupaciones y puntos de vista de las mujeres yucatecas autodenominadas “mestizas”, es decir, cuyo contexto no es urbano. Las puestas en escena resultantes de estas investigaciones son piezas muy poderosas que por principio de cuentas, desmontan muchas de las aparentes certezas que ya damos por sentadas sobre las mujeres, el trabajo, las relaciones, las violencias y muchos otros asuntos de vital importancia. Por eso es que escuchar justamente estas voces a través de Conchi León es una urgencia que no podemos posponer.

«COMADRONA: Yo soy comadrona, empecé a atender un día que fui a ver a mi cuñada porque ya iba a nacer su nené y ella estaba vomitando y vomitando y vomitando, fui a buscar un vaso de agua, cuando volví ya había nacido el nené y dije: ¡Mare, cómo lo hizo! ¿Lo vomitó? Entonces volví a ir a ver que nazca otro nené y dije: es fácil, fácil, fácil, ah, lo aprendo. Fui a que me capaciten en el seguro, pero no todo te lo enseña la escuela, hay cosa que te enseña más mejor la vida. ¿Qué escuela te enseña a meter la mano en una mujer y sacarle la vida? ¿Quién te enseña a decir que la vida nació muerta? ¿Qué palabras se dicen así?»

[De Del manantial al corazón]

  1. Marie-Aude Murail (Francia, 1954)

Aunque su producción es vastísima y diversa, respecto al ámbito doméstico y las labores de cuidado Murail tiene dos novelas icónicas: Babysitter-blues, que trata de un joven llamado Emiliano que para comprarse una laptop comienza a cuidar niños y se le revoluciona el mundo; y Simple, sobre otro joven llamado Kléber que debe hacerse cargo de su hermano mayor con retraso mental, a quien apodan “Simple”. Lo interesante y esperanzador es que ambas son obras de literatura infantil y juvenil en las que se muestran modelos de comportamiento que realmente proponen líneas de acción distintas, refrescantes y entrañables a lectores de nuevas generaciones.

« Emmanuel dijo que el caso de Simple era de hospitalización psiquiátrica. Kléber estalló:

     – Ya ha estado en una institución especializada, como te podrás imaginar. Mi padre se desentendió de él para volverse a casar. Simple es retrasado mental, pero en Malicroix lo convirtieron en un loco. Ya no reaccionaba ante nada. Yo decidí sacarlo de ahí. Le dije a mi padre que me encargaría de Simple. Y nunca volveré a llevarlo a Malicroix, nunca. Así que si no quieren nada con él, tampoco tendrán nada conmigo. ¡Qué le vamos a hacer! Sigan con su vida de estudiantes mantenidos por mamá y papá. Espero que sean muy felices.»

[De Simple]

 

La próxima semana, en este mismo espacio, seguirá el conteo de las cinco autoras que completan esta selección cuyo objetivo no es agotar el tema ni totalizar, sino constituir un detonador para dar inicio a la larga conversación, teorización y acción que tanto nos hace falta alrededor de este entorno de lo doméstico y de los cuidados, tan sacralizado como urgente. Y provocador.

 

Fuentes:

* Almada, Selva, El desapego es una manera de querernos, México: Random House, 2016.

* Berlin, Lucia, Manual para mujeres de la limpieza, España: Alfaguara, 2016.

* Federici, Silvia, Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Buenos Aires: Tinta Limón, 2001.

* León, Conchi, Del manantial del corazón, disponible en video: https://vimeo.com/197241210

* Murail, Marie-Aude, Baby-sitter Blues, México: Fondo de Cultura Económica, 1999.

* Murail, Marie-Aude, Simple, México: Castillo, 2013.